Ambkor: «Hablar de cosas materiales se me queda vacío»

Ambkor: «Hablar de cosas materiales se me queda vacío»

Óscar de la Torre, «Ambkor» (Ripollet, 1989), se ha convertido en uno de los raperos españoles más escuchados de la actualidad. Con su rap afincado en los sentimientos, ha conseguido ser uno de los artistas más respetados de la escena. Ahora, se encuentra inmerso en el estreno de Los Últimos Vivos, un trabajo que le está llevando a realizar una gira por las salas más importantes de España y de LATAM. En esta encrucijada de éxitos por parte del catalán, desde Urban Life hemos tenido la oportunidad de chalar con él sobre varios temas diferentes.

P: Ya ha salido el último EP de Los Últimos Vivos, ¿Qué tal sientes la acogida que te está dando la gente? 

La verdad es que ha sido increíble. Estamos un poco en una burbuja de felicidad por toda la aventura de Los Últimos Vivos. Esa burbuja se ha ido haciendo cada vez más grande y la salida del último EP era como poder empaquetarlo todo para que la gente pudiera escucharlo seguido.

Ha sido muy curioso el formato en el que lo has sacado: cuatro EPs de cinco canciones que terminan convirtiéndose en un disco. ¿Por qué decidiste hacerlo así?

La verdad es que fue todo un poco improvisado. Yo quería sacar cuatro o cinco canciones seguidas para que la gente pudiera disfrutarlas de una vez. Entonces salió Los Últimos Vivos: Verano, pero tuvo tan buena acogida que pensé: “Esto tiene que seguir”. Ahí se nos ocurrió lo de las estaciones y, claro, de repente nos vimos obligados a hacer cinco canciones por estación. No sabíamos desde el principio que acabaría siendo así.

En Los Últimos Vivos has seguido la línea sentimentalista que tienes en la mayoría de tus trabajos. ¿Por qué decidiste llevar tu carrera por este camino?

Supongo que realmente no lo decidí. A los pocos años de empezar en el rap pillé una depresión bastante grande y estuve yendo a terapia y en tratamiento. Lo que más me apetecía era hablar sobre los sentimientos, la salud mental y todos esos temas, y al final se quedó arraigado en mí. Esa parte sensible es la que más me nace cuando escribo.

Mucha gente te cataloga como “el rapero número uno de los sentimientos”. ¿Te sientes cómo tal?

Me queda un poco feo aceptar eso que me dicen, pero sí creo que, dentro de mi generación —salvando generaciones anteriores como la de Nach y otros referentes—, en este estilo de rap sí puedo estar entre los tres mejores.

Como has dicho, antes de tu generación estaban Nach y otros nombres importantes. Ahora hay mucha más variedad en la que verse reflejado. ¿En quién te inspiraste para llegar a ser el artista que eres hoy?

A mí el rap en general siempre me gustó muchísimo, tanto el rap sentimental como cualquier otro. Pero creo que lo que más me marcó fue ese punto visceral, ese no tener problema en hablar de sentimientos o de cosas íntimas: una relación, tu madre o cualquier cosa personal. Ellos me dieron la confianza de que podía hablar de cosas que realmente me importaban en mi vida, no solo de chulería o de lo que tienes y lo que no tienes, sino también de lo que te falta y de las cosas por las que sufres.

Portada de Los Últimos Vivos, el último trabajo de Ambkor.

Además, ya llevas muchos años dentro de la industria.  ¿Qué cambios notas entre el Ambkor de los comienzos y el de ahora? 

Cuando alguien tiene mucha pasión por algo y le dedica muchísimas horas, al final acaba mejorando. Creo que toda la parte de escritura y lírica ha evolucionado muchísimo. Ahora expreso mucho mejor lo que me pasa y lo que siento. Antes quizá decía las cosas gritando un poco más; ahora necesito gritar menos. Estoy más equilibrado y puedo enfocarlo desde un lugar mucho más tranquilo.

También eres un rapero muy querido dentro de la industria. Por ejemplo, en el Rocanrola subiste a Kaze al escenario y te dedicó unas palabras muy bonitas. ¿Qué se siente al recibir ese cariño de algunas de las mayores leyendas del rap de este país?

La verdad es que es muy bonito. Poder sentarte a tomar un café o una charla con artistas a los que admiras y sentir ese reconocimiento y esa buena onda es increíble. Nuestro camino ha sido largo y sí es verdad que nuestra música chocaba a algunos porque era más sentimental o más melancólica. Pero creo que, con buena energía, sin meternos con nadie y trabajando muchísimo, la gente ha terminado abriéndonos las puertas. Al final ven que somos exactamente lo que mostramos en las canciones. Vamos a cualquier festival y tenemos buena relación con todos los estilos del rap. Además, siempre hemos sido gente muy cercana y cariñosa.

Acabas de decir que alguna gente dentro del rap conectaba menos con tu música. Y justo me acordaba de una frase de una canción del último EP donde dices que había quienes te miraban como “un bicho raro”. ¿Has sentido eso dentro del rap español?

Sí, claro. Durante muchos años me han mirado un poco raro por el estilo que hago. En el rap siempre ha habido muchos prejuicios respecto a hablar de sentimientos. Parece que, si eres sensible o hablas desde un lugar más emocional, algunos piensan que eres menos rapero. Pero con los años, el esfuerzo y el amor por esto, gracias a Dios hemos conseguido el respeto de todo el mundo.

Después de tantos años, habrás visto salir a muchísimos artistas nuevos. ¿Qué opinas de la nueva ola de raperos que está surgiendo actualmente en España?

Creo que está saliendo una ola muy buena de raperos. De hecho, te diría que me gusta más la generación que está saliendo ahora que la que hubo entre la mía y esta nueva. Hay mucha gente rapeando muy, muy bien.

Hablando de la gira en la que estás embarcado, hace un año hiciste una gira por más de 15 salas españolas con muchos sold outs, y ahora estás repitiendo con números todavía más grandes. ¿Qué sientes al recibir tanto apoyo del público en los conciertos?

Eso es tremendo, porque creo que lo más difícil en este mundo es vender entradas. Una cosa es que te escuchen o que una canción tenga muchas visitas, pero lo complicado es conseguir que la gente pague por ir a verte. Nos sentimos súper afortunados y ahí es donde sabemos que lo que hacemos es algo serio y que hemos creado un vínculo real con la gente. Creo que por eso podemos tener una carrera larga. Lo que damos es corazón y pasión de verdad. Además, es precioso ver cómo crecemos: salas que antes casi no llenábamos ahora se llenan o incluso pasamos a una sala más grande y también se llena. Eso te demuestra que no hay techo y que siempre puedes seguir creciendo.

Ese apoyo no se queda solo en España, porque también cruzas el charco constantemente. ¿Qué sensación tienes al ver que tu música puede ayudar a gente al otro lado del mundo?

Es muy bonito. Al principio impacta muchísimo. Te pasas 14 horas en un avión, llegas a un sitio donde nunca has estado, se abre la persiana de la sala y ves entrar a mil personas cantando contigo. Es una sensación increíble porque no entiendes cómo puede pasar algo así tan lejos de casa. La música viaja muchísimo gracias a internet, pero aun así sigue siendo impresionante sentirte en Ciudad de México, Buenos Aires o Bogotá como si estuvieras en casa.

Volviendo un poco al disco, hay algo muy curioso en tu música: hablas mucho de las pequeñas cosas cotidianas. En un momento donde muchos artistas hablan más de lujos, coches o dinero, ¿por qué crees que ocurre eso?

A mí hablar de cosas materiales se me queda vacío. Por mi personalidad, necesito hablar de otras cosas. Creo que con el tiempo la gente va despertando y entiende que lo material son parches, recompensas inmediatas, pero que la felicidad real está en lo emocional y en las pequeñas cosas: un paisaje, el sol, el abrazo de un hijo… cosas muchísimo más importantes que el coche que tengas. Eso no quiere decir que no me gusten esas cosas o que no puedas tener una buena casa o un buen coche, pero cuando escribo no me nace hablar de eso. Cuando viajo, por ejemplo, prefiero contar lo bien que me lo he pasado o cómo me ha tratado la gente antes que subir una foto enseñando un coche.

Para cerrar, hay una frase en Mi maleta que me parece muy bonita: dices que has dejado “el odio en la cuneta”. ¿Cómo te sientes desde que dejaste atrás ese odio?

Mucho mejor. El rencor y el odio pesan muchísimo. Además, creo que es la opción más fácil cuando algo no lo entiendes o cuando alguien te hace daño: odiar. Lo difícil es darle la vuelta y perdonar. Lo difícil es amar incluso aquello que no entiendes. Creo que es un paso adelante. Caminas mucho más ligero cuando sueltas todo eso. Incluso aunque sigas tu camino separado de alguien que te hizo daño, perdonar hace que no vayas cargando con toda esa mierda que al final acaban pagando las personas que tienes alrededor.

Raúl Fernández

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